Rafagas Blog

24 enero, 2012

LA JUSTIFICACIÓN MORAL DE LA INJUSTICIA

Filed under: Rafagas — Jose Luis P. Bustillo @ 12:13
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Esto no es mio, pero lo subscribo totalmente.

Los filósofos morales de la libertad del mercado, desvirtúan la realidad olvidando la diferenciación entre los derechos del dinero y los derechos de la gente. Es más, han igualado la libertad y los derechos de los individuos con la liberalización del mercado y los derechos de propiedad.

La liberalización del mercado es la liberalización del dinero, y cuando los derechos son una función de la propiedad, más que de la persona, entonces sólo aquellos con propiedades tienen derechos.

Es más, manteniendo que la única obligación del individuo es cumplir un contrato y los derechos de propiedad de otros, la filosofía moral de la liberalización del mercado efectivamente libera a aquellos que tienen una propiedad sobre su obligación con aquellos que no la tienen. Se obvia el hecho que los contratos entre débiles y poderosos son raramente igualitarios, y que la institución del contrato, igual que la institución de la propiedad tiende a reforzar, incluso a incrementar la desigualdad en sociedades no igualitarias. Así se legitiman y afianzan sistemas que institucionalizan la pobreza, mientras se mantiene que la pobreza es consecuencia de la indolencia y de los defectos de carácter inherente a los pobres…

…Cuando 358 millonarios poseen un capital de 760.000 millones de dólares, que es igual a los ingresos de 2.500 millones de los seres humanos más pobres de la tierra, no se puede asumir que el mercado funcione justa o eficazmente, y debemos cuestionarnos la legitimidad del mercado como institución.

Las publicaciones como Fortune, Business Week, Forbes, The Wall Street Journal, y The Economist, todas ellas ardientes defensoras del liberalismo corporativo, raramente, o nunca, elogian una economía por su progreso hacia la eliminación de la pobreza, que deja a más de mil millones de personas viviendo en la privación absoluta, o hacen avances hacia una mayor equidad.

En vez de esto, constantemente evalúan el funcionamiento de las economías según el número de millonarios

que produce la competencia de los directivos mediante el frío desapasionamiento con el que despiden a miles de empleados, el éxito de los individuos según los millones de dólares que ganan en un año, y el éxito de las compañías mediante el alcance global de su poder y la capacidad de dominar mercados globales.

…La autoproclamada “objetividad de libertad de valores” del racionalismo económico se alinea fácilmente con la filosofía moral elitista de la liberalización de los mercados. Raramente se ha revelado esto más claramente que en un memorándum, muy divulgado, escrito por Lawrence Summers en su cargo como “Economista jefe” del Banco Mundial.

Summers argumentaba que resulta mucho más eficiente económicamente para los países ricos, deshacerse de sus residuos tóxicos en los países pobres, porque la gente pobre tiene una esperanza de vida más corta y menos potencial económico que la gente rica. En un comentario posterior a su memorándum, en The Economist, se argumentó que era un deber moral de los países ricos exportar su polución a países pobres, porque esto da a la gente pobre oportunidades económicas de las que de otra forma se verían privados.

…La filosofía del liberalismo corporativo no es la creación de condiciones de mercado que, según la teoría del mercado, tendrían como resultado “una optimización del interés público”. No tiene nada que ver con el interés público, en absoluto. La filosofía es defender e institucionalizar el derecho de los económicamente poderosos, para hacer lo que mejor convenga a sus intereses inmediatos, sin considerar la responsabilidad pública por las consecuencias. Coloca el poder en instituciones que son ciegas a temas de igualdad y equilibrio medioambiental.

Miles de personas inteligentes y que piensan, que sospechan con razón de los grandes gobiernos, creen en el trabajo duro y honesto, tienen profundos valores religiosos y que están comprometidos con sus familias y comunidades, están siendo embaucados por la información falsa y la desvirtuada lógica moral e intelectual, repetida constantemente desde los medios de comunicación, que a su vez son propiedad de grandes corporaciones.

Extracto del libro “Cuando las corporaciones dominaban la tierra”, de David Korten

Traducido por Déborah Gil y revisado por Matev Llas,

noviembre de 1999.

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